sábado, 8 de enero de 2011

La reproduccion del Betta Splendens

Antes de lanzarse a la aventura: una breve consideración filosófica


La reproducción de los bettas es frecuente entre los acuariófilos, puesto que constituye un espectáculo digno de presenciar y no reviste especial complicación. Sin embargo, antes de comenzar no hará daño preguntarse por qué queremos reproducir a nuestros bettas y hasta qué punto estamos comprometidos a sacar adelante la puesta.

Razones para ello hay mil: reto personal, ánimo de lucro, amor a la naturaleza... cualquiera puede ser lícita y cada uno es muy dueño de sus motivos. Eso sí, sacar adelante una puesta requiere un cierto esfuerzo, y si lo hacemos bien, podemos encontrarnos con cincuenta, cien o doscientos pequeños alevines que cuidar. Además hay que tener en cuenta que será necesario aislar individualmente a los machos al cabo de unos pocos meses, puesto que no soportan la presencia de ejemplares de su mismo sexo y podrían incluso llegar a matarse. Lógicamente, esto implica tener un lugar dónde meterlos para asegurar que puedan vivir en unas condiciones mínimamente dignas.

A lo que voy: está claro que nadie nos obliga a reproducir a nuestros bettas. Hacerlo es una elección nuestra, que -como toda elección libre- conlleva pensar responsablemente. De acuerdo, son sólo peces, pero sería cruel que nuestras puestas acabasen en la taza del water por simple dejadez.

En fín, pido perdón al lector por esta pequeña consideración, en la que posiblemente no hiciera falta detenerse, y sin más preámbulos paso al tema del artículo.



Una imagen vale más que mil palabras: la reproducción del Betta splendens


La Pareja

Lo primero es seleccionar una buena pareja. Conocida la herencia genética de nuestros bettas es posible cruzar ejemplares buscando una coloración o tipo de cola determinadas. Sin embargo, lo más probable es que adquiramos nuestros bettas en una tienda de mascotas, y no de un criador especializado. Así, la apariencia de los alevines de nuestras primeras puestas frecuentemente tendrá un importante componente sorpresa.

Yo he escogido a un macho y a una hembra aparentemente sanos y fuertes de color amarillo. Ambos tienen buen apetito y se muestran activos. Al ser esta una pareja comprada en la tienda de al lado y el amarillo un color recesivo, la coloración de los alevines que obtendré es un misterio.


El macho: Un ejemplar de la variedad cola de corona (o crowntail) de triple radio; color mariposa, cuerpo amarillo y aletas rojas y blancas con irisaciones azules.

La hembra: ejemplar de la variedad de cola de velo, cuerpo amarillo y aletas rojas El gen de cola de velo es dominante, por lo que cabe esperar que la mayoría de la puesta sea también cola de velo. Si por un casual la hembra tuviera herencia genética de tipo crowntail, parte de los alevines serían de esa variedad.


Como puede apreciarse en la foto, la hembra tiene el vientre ligeramente abultado por la presencia de huevos. Puede también observarse el órgano ovopositor, que no es otra cosa que el punto blanco que tiene en el abdomen. Otra señal de receptividad reproductora en las hembra son unas franjas verticales que salpican todo su cuerpo. Estas se producen por decoloración, por lo que son habitualmente inapreciables en hembras que, como esta, son de colores claros.


Una hembra con las franjas verticales: En esta foto pueden apreciarse las franjas verticales en el cuerpo de una hembra de tonalidades oscuras.


Macho y hembra deben ser alimentados con generosidad durante una o dos semanas antes de la freza, a ser posible con comida viva. Así podrán soportar bien el esfuerzo físico que conlleva (no olvidemos que durante los dos o tres días que puede durar la puesta, es recomendable no alimentarlos). Algunos criadores sugieren que durante los días previos a la unión se les mantenga aislados por completo al uno del otro.



El acuario de cría

El acondicionamiento del acuario de cría no presenta demasiada dificultad. En este caso se trata de una urna de 12L, llena aproximadamente hasta la mitad (unos 12-15cm de agua), sin más adiciones que un calentador y un termómetro. La temperatura óptima para la reproducción de los bettas viene a estar entre los 26ºC y 28ºC. Conviene que el fondo esté completamente vacío para facilitar la tarea del macho, que se verá obligado a recoger los huevos y los alevines que caigan del nido.

Los bettas no son especialmente exigentes con las condiciones del agua, pero sí conviene mantener un pH próximo al neutro y unas condiciones mínimas de higiene. Es por ello recomendable, aunque no absolutamente necesario, no alimentar a la pareja durante el tiempo que dura la reproducción.

Una vez preparado el acuario se introduce al macho, que tardará unas horas en aclimatarse y reconocer el territorio. Pasado ese tiempo, llega el momento de mostrarle a la hembra en una cubeta de paredes transparentes. Si al cabo de un rato el interés parece mutuo, se puede introducir a la hembra en el acuario. En la medida de lo posible, conviene que las equilibrar poco a poco las condiciones del agua de la cubeta con las del acuario. Así facilitaremos la aclimatación de la hembra y de paso aumentaremos su receptividad a la puesta.


La cubeta: el macho pronto comenzará a cortejar a la hembra, persiguiéndola a lo largo del cristal para mostrarle los opérculos y la cola.


Una vez juntos, el macho dividirá su tiempo entre hacer el nido de burbujas y perseguir a la hembra para intentar atraerla al mismo. La hembra puede tardar un día en aclimatarse y otro más en mostrarse receptiva para el desove, por lo que conviene tener paciencia. Si no hay actividad reproductora pasados dos días, en ocasiones lo más conveniente es separar a la pareja y volver a iniciar todo el proceso preparatorio. Si tenemos ocasión, disponer de una pareja de reserva nos podrá ahorrar alguna desilusión.


La persecución: En ocasiones, el macho se sentirá frustrado por los desaires que pueda hacerle la hembra. Por ello es posible que la persiga con cierto ímpetu.
Jugando al escondite: En ocasiones, la hembra tendrá que esconderse de las persecuciones del macho. En una urna tan pequeña, el calentador puede cumplir la función de escondite. Vale la pena observar cómo el macho hace el nido de burbujas.


Una vez que la hembra se ha aclimatado, considera que el nido tiene un aspecto presentable, o simplemente lo juzga oportuno (¿alguien las entiende?), se acerca al nido con el morro bajo en actitud de sumisión. Comienza entonces una especie de baile del uno alrededor del otro que desemboca en el famoso abrazo reproductor del betta: un espectáculo digno de presenciar.


Lista para el desove: La hembra se acerca sumisa al macho, indicando que se encuentra receptiva para el desove.


El abrazo: Dependiendo de la experiencia reproductora de ambos peces, es posible que tarden un poco en consumar el abrazo. De la misma forma, los primeros abrazos podrían no dar lugar a huevos.


La naturaleza ha dispuesto que tras el abrazo la hembra quede flotando lateralmente durante unos segundos. Como se aprecia en la foto siguiente, es en ese momento cuando los huevos se le desprenden del oviducto. Así el macho dispone de unos preciosos segundos de ventaja para atraparlos con la boca y subirlos al nido antes de que su pareja los descubra y se los coma.


Rescatando los huevos: El macho intenta atrapar tantos huevos como le es posible en la boca, optimizando así el esfuerzo. Obsérvese como se apelotonan los huevos, ya fecundados, en el oviducto de la hembra.


En raras ocasiones, la hembra ayudará al macho a recoger los huevos para devolverlos al nido. Esto no es frecuente, puesto que la hembra tiende a comérselos, pero ocurrió en este caso concreto.


Competencia: En algunos momentos, se dará una auténtica carrera entre el macho y la hembra: uno por rescatar tantos huevos como sea posible y la otra por alimentarse.


Generalmente la hembra se mantiene alejada del nido, entre abrazo y abrazo, esperando a encontrarse de nuevo receptiva para acercarse al macho. Los encuentros se prolongan durante unas 4-6 horas.


Desovando: Es frecuente que de cada abrazo nazcan entre 15 y 30 huevos aproximadamente.


El macho aprovecha el tiempo entre abrazos para asegurarse de que los huevos están firmemente adheridos al nido, cambiándolos de sitio ocasionalmente para evitar que se desprendan y queden al alcance de la hembra.


Poniendo orden: En la foto se observa cómo el macho toma varios huevos en la boca y los ‘escupe’ dentro del nido. Las burbujas del nido están recubiertas de una sustancia adhesiva que segrega el macho con una doble función: mantener los huevos (y después los alevines) sujetos al nido y darle cohesión al mismo.


Una vez que la hembra ha concluido el desove, el macho se tornará agresivo hacia ella y comenzará a perseguirla hasta confinarla a un rincón del acuario. Es un buen momento para sacarla con mucho cuidado, evitando dañar la puesta. Se devolverá a la hembra a su recipiente original (que si hemos estado atentos habremos aprovechado para limpiar), y se le dará de comer para ayudarla a recuperarse del esfuerzo.


Evitar riesgos inútiles: concluida la puesta, es necesario retirar a la hembra, evitando así que el macho pueda dañarla para proteger el nido.


Una vez extraida la hembra, comienza el cuidado de la puesta por parte del macho, tarea que durará varios días. Conviene facilitar su labor rebajando el nivel del agua hasta 5-7cm, de manera que tenga que hacer un menor esfuerzo para transportar los huevos que caigan al fondo hasta el nido. Alternativamente, toda la freza podría haberse realizado con el agua a este nivel, evitándonos así el riesgo de dañar el nido.


Bajada de nivel: Disminuyendo el nivel del agua se facilitan los cuidados del macho y la posterior supervivencia de los alevines.


Los huevos eclosionan al cabo de entre 24 y 48 horas. En ese momento, y durante un par de días, los alevines se alimentarán de las reservas de su saco vitelino, por lo que no es necesario alimentarlos todavía. Es más, hacerlo podría ocasionar un exceso de polución por nitritos que acabase con sus vidas en unas horas.


Cuidado del nido: Durante los primeros dos o tres días de vida, los alevines caerán del nido y apenas serán capaces de remontar los 5-7cm de desnivel vertical. La labor del macho consistirá en ayudarles a conseguirlo.


Cinco o seis días después de la puesta, los alevines comienzan a nadar libremente y salen en busca de alimento. Conviene tener infusorios artificiales con que alimentarlos, o alternativamente, haber metido un poco de musgo de Java en el acuario con antelación a la puesta. Llegado este punto, el macho hambriento (no olvidemos que puede llevar varios días sin comer), podría estresarse al verlos escapar de su control y acabar por devorarlos. Por ello es necesario sacarlo y devolverlo a un tanque limpio donde pueda recuperarse.


Descubrir el mundo: Cuando los alevines son capaces de nadar libremente en sentido horizontal, se puede aprovechar para transferir la puesta a un tanque más grande donde haya un calentador y un pequeño filtro de esponja.


Una vez concluida la actividad reproductora, conviene dar a la pareja varios días de descanso. Para evitar la ‘depresión’ que a veces experimentan los machos tras el intenso esfuerzo de la puesta, es bueno alimentar bien al nuestro y mostrarle esporádicamente a algún otro individuo de su especie para ayudarle a mantener un cierto nivel de actividad.



¿Qué puede ir mal en la reproducción?

Supongo que un número infinito de cosas. En mi experiencia, que es breve en comparación con la de otros, existen algunos signos de que es mejor separar a la pareja y dejarlo para más adelante. Pero dejemos que hablen las imágenes:


Agresividad excesiva: La hembra amarilla de las fotos anteriores siempre ha sido muy selectiva con sus compañeros masculinos. En la foto se observa el castigo que infringió a un cola de velo rojo, con el que no llegó a congeniar en dos meses de intentos.



Antes muerta que sencilla: En uno de esos intentos, la hembra demostró estar más dispuesta a desovar sola que a dejarse abrazar por el cola de velo rojo. Otra cosa que puede observarse en la foto es la suciedad: si decidimos alimentar al macho y a la hembra durante la reproducción, conviene darles las dosis justa de alimentos que se coman sin dejar rastro. Siempre habrá excrementos, pero en la medida de lo posible hay que mantener unas buenas condiciones de higiene.



Franjas horizontales: Las franjas horizontales en una hembra son habitualmente sinónimo de estrés. Si al cabo de un buen rato de estar junto al macho nuestra hembra las sigue mostrando, existe un buen número de probabilidades de que no le haya caído bien, o de que la preparación no haya sido la adecuada.



Hasta aquí hemos hecho lo más fácil, que es conseguir la puesta. A partir de este momento, el cuidado de los alevines depende de nosotros.




Este articulo pertenece en su totalidad a la pagina "Dr.Pez"

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